
Una "taza de leche" con sabor a indiferencia por Robert Contreras Reyes
The Times en Español
La frase resulta particularmente ofensiva si se considera que fue pronunciada pocos días después del violento atentado contra el proyecto hidroeléctrico Central Rucalhue en Santa Bárbara, entre otros hechos de violencia. En ese hecho, dos trabajadores de seguridad fueron maniatados y cerca de 50 vehículos resultaron quemados. Un ataque que no solo implica un gravísimo daño económico, sino que representa una amenaza directa al Estado de derecho, al trabajo de los ciudadanos y a la inversión en regiones que necesitan desarrollo.
¿Es esto lo que se entiende por una "taza de leche"? ¿Cómo puede una autoridad de gobierno sostener una afirmación tan alejada de la realidad? La respuesta es tan inquietante como evidente: porque en buena parte del gobierno, lamentablemente, hay una visión complaciente frente a los temas de seguridad. Existe una tendencia a minimizar la violencia, relativizar la responsabilidad de los atacantes y trasladar la culpa a estructuras difusas, como si los hechos que estremecen al país fuesen inevitables o ajenos al quehacer político. Tanto así que aún no se presentan las querellas por ley antiterrorista por ejemplo.


La mirada política: firme crítica desde el Biobío
Robert Contreras Reyes, abogado y exgobernador de la provincia de Concepción y dirigente RN no tardó en manifestar su rechazo a los dichos del Seremi y al actuar del gobierno en esta materia: "Cuando una autoridad minimiza la situación de seguridad pública en Chile, no solo desconoce los hechos, sino que da una señal política equivocada: una señal de indiferencia ante el dolor de las víctimas y de debilidad ante quienes están desafiando al Estado de derecho con violencia".
Contreras va más allá: "El gobierno ha fallado en su rol más básico: garantizar la seguridad de las personas. Lo vemos en la macrozona sur, en los portonazos que se multiplican en las ciudades, en la presencia cada vez más descarada del crimen organizado. No se puede gobernar con diagnósticos complacientes, ni con frases que intentan maquillar una realidad que ya es insostenible".
El precio de la negación
Esta actitud, más allá de lo absurdo, es peligrosa. Cuando las autoridades niegan la magnitud de un problema, renuncian también a enfrentarlo. Y cuando no se enfrentan los problemas de seguridad con decisión y claridad, los grupos violentos avanzan, se envalentonan y ganan terreno. La ciudadanía lo sabe, lo vive y lo sufre. Por eso crece la sensación de abandono, de que el Estado no está donde más se le necesita.
Chile no es una taza de leche. Es un país que ha sido golpeado por una ola de violencia creciente, que exige liderazgo y firmeza. Es un país donde los ciudadanos merecen vivir sin miedo, donde los trabajadores merecen realizar sus labores sin correr riesgo de ser atacados, y donde la inversión —particularmente en regiones— requiere certezas, no discursos complacientes.
Las declaraciones del Seremi no solo fueron un despropósito, son también una muestra del desconexión entre el actual gobierno y la realidad cotidiana de la ciudadanía. Y mientras esa desconexión persista, la inseguridad seguirá creciendo, aunque algunos sigan empeñados en endulzarla con frases vacías.
Robert Contreras Reyes
Abogado



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