
Hambre en Gaza obliga a palestinos a comer tortugas marinas en medio de la guerra
The Times en Español
Jan Yunis, Franja de Gaza – Majida Qanan, de 61 años, nunca imaginó que prepararía tortugas marinas para alimentar a su familia. Desplazada por la guerra entre Israel y el movimiento islamista palestino Hamás, vive en una tienda improvisada en el sur de Gaza, donde la escasez de alimentos ha alcanzado niveles críticos. “Los niños eran reacios, les dijimos que era tan delicioso como la ternera”, cuenta mientras revuelve una olla con carne de tortuga, mezclada con pimientos y cebolla. “Algunos comieron, otros no”.
El conflicto, que estalló el 7 de octubre de 2023 tras un ataque de Hamás contra Israel, ha devastado la Franja de Gaza. En 18 meses, los 2,4 millones de habitantes del territorio han enfrentado bombardeos, desplazamientos masivos y una crisis humanitaria que, según la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), es probablemente la peor desde el inicio de la guerra. El hambre, lejos de ser solo un riesgo, “se expande rápidamente” por casi todas las regiones de Gaza, advirtió esta semana un colectivo de ONGs internacionales.
Israel, que desde el 2 de marzo bloquea el suministro de ayuda humanitaria acusando a Hamás de desviarla, ha restringido el acceso a alimentos, medicinas y combustible. Hamás, por su parte, niega las acusaciones y señala a Israel de usar el hambre como arma de guerra. “No hay ningún punto de paso abierto y no hay nada en el mercado”, lamenta Majida, quien paga 80 séqueles (unos 22 dólares) por dos pequeñas bolsas de verduras. La carne, simplemente, no existe.
En este contexto, las tortugas marinas, una especie protegida a nivel internacional, se han convertido en una fuente desesperada de proteínas. Los pescadores, como Abdul Halilm Qanan, primo de Majida, las capturan accidentalmente en sus redes. “Nunca hubiéramos pensado que comeríamos tortuga”, asegura Abdul, de 45 años. “Cuando empezó la guerra, no teníamos comida. Esto es todo lo que teníamos como proteínas. Los precios de las verduras eran astronómicos, nadie se lo podía permitir”. Indico a la Agencia AFP
El proceso para preparar la tortuga es laborioso. Majida mezcla la carne con harina y vinagre para limpiarla, la enjuaga, la hierve en una olla vieja y la rehoga con los pocos vegetales disponibles. A pesar del esfuerzo, el sabor y la textura no convencen a todos. “Es la tercera vez que preparamos tortuga”, dice Majida, con un dejo de resignación. “No es lo que queremos, pero el hambre no nos deja otra opción”.
La situación en Gaza ha llevado a medidas extremas. En junio pasado, trabajadores humanitarios reportaron que algunos palestinos, en su desesperación, consumían comida para animales, hierba e incluso aguas residuales. Una tregua el 19 de enero permitió la entrada temporal de ayuda, pero el 18 de marzo Israel reanudó sus operaciones militares, interrumpiendo nuevamente el flujo de asistencia.
Abdul, que sigue los preceptos del islam, asegura que las tortugas son sacrificadas conforme al rito halal. “Si no hubiera hambre, no las comeríamos, pero con algo tenemos que compensar la falta de proteínas”, argumenta. Sin embargo, el consumo de tortugas marinas no solo refleja la desesperación, sino también un impacto ambiental, ya que estas especies están en peligro de extinción.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación. La ONU y organizaciones humanitarias han instado a Israel a permitir el acceso sin restricciones de ayuda a Gaza, mientras que Hamás ha pedido el cese de los bombardeos y el bloqueo. Sin embargo, la situación no mejora. “Compro lo que puedo, pero no alcanza”, dice Majida, quien, como millones de palestinos, vive en la incertidumbre de no saber si habrá comida mañana.
La guerra ha desplazado a más del 80% de la población de Gaza, según la ONU, y ha destruido gran parte de la infraestructura, incluidos hospitales, escuelas y mercados. Los pescadores, que alguna vez fueron un pilar de la economía local, ahora enfrentan restricciones para salir al mar, lo que limita aún más el acceso a alimentos. En este escenario, las tortugas marinas, aunque no son una solución sostenible, representan un recurso de última instancia.
La noticia sobre el consumo de tortugas marinas en Gaza pone en evidencia la magnitud de la crisis humanitaria en el territorio palestino. La combinación de un conflicto prolongado, el bloqueo de ayuda y la falta de acceso a alimentos básicos ha llevado a la población a recurrir a medidas extremas, como el consumo de especies protegidas. Este hecho no solo refleja la desesperación de los habitantes de Gaza, sino también las consecuencias de una guerra que ha devastado la infraestructura y los medios de subsistencia.
Desde la perspectiva de The Times en español, esta situación subraya la urgencia de una respuesta internacional coordinada. El bloqueo de ayuda humanitaria, independientemente de las razones políticas o militares, está teniendo un impacto devastador en civiles, especialmente en niños y ancianos. La comunidad internacional debe presionar por un alto el fuego duradero y garantizar corredores humanitarios seguros para evitar que el hambre se convierta en una catástrofe aún mayor.
Además, el consumo de tortugas marinas plantea preocupaciones ambientales. La presión sobre especies protegidas podría tener consecuencias a largo plazo para los ecosistemas marinos de la región, lo que añade otra capa de complejidad a la crisis. Este caso es un recordatorio de que las guerras no solo afectan a las personas, sino también al medio ambiente, con impactos que podrían perdurar por generaciones.
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