La politización de las Fuerzas Armadas y de Carabineros de Chile.

Opinión 09 de enero de 2020 Por
En respuesta al Senador Alejandro Navarro, quien este 8 de enero de enero de 2020 presentó un proyecto para que las designaciones de cargos de las Fuerzas Armadas no sean exclusivas al Presidente de la República, habilitando al Congreso para aprobar o rechazar la designación del alto mando de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile.
Ejercito

Un paso más más para politizar las Fuezas Armadas, el último bastión de la democracia, lo que los comunistas necesitan destruir para lograr sus propósitos y convertirnos en un país como Cuba o Venezuela.

Les recuerdo que las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, son las únicas que han sido capaces de recuperar la democracia cada vez que los ineptos políticos la han perdido. Hoy, esa democracia nuevamente ha sido secuestrada y nadie ha sido capaz de recuperarla

Estimado lector, si usted es de esos que vive en una burbuja, tal como lo hace el actual Gobierno, en especial su Presidente, el Ministro del Interior y el actual Subsecretario del Interior, entonces no pierda el tiempo. No tiene ningún sentido que lea esta nota. Menos aún si no tiene tiempo de leer 5 páginas y está más preocupado de las acciones de la Bolsa o del alza del dolar.

 

Fragmento del Capítulo 4° del libro “40 años al Servicio de Chile”.

Santiago, 18 de abril de 2019.

 

INTRODUCCIÓN APÓCRIFA

En septiembre de 1973, mientras me entrenaba para sortear las exigentes pruebas físicas como parte de mi examen para postular a la Escuela Militar, la Cámara de Diputados del Congreso de Chile, declaró la inconstitucionalidad del gobierno de Salvador Allende. Esto fue ampliamente apoyado por la Democracia Cristiana, los partidos de derecha, el Poder Judicial y la sociedad democrática.

 

Ante esta situación, las Fuerzas Armadas y Carabineros, junto a una decena de ministros uniformados designados por el propio presidente Allende, no aceptaron la amenazante carta del Congreso, produciéndose, el 11 de septiembre del año mencionado, un autogolpe militar en apoyo al presidente de Chile.

 

En respuesta a la lealtad del mundo castrense, Allende aumentó la cantidad de ministros militares. A varios Coroneles y Capitanes de Navíos los designó como subsecretarios en diferentes carteras ministeriales y a casi todos los Generales y Almirantes, los puso a la cabeza de empresas estatales o en diferentes directorios. Los que no cumplían con las expectativas revolucionarias, rápidamente fueron reemplazados por otros.

 

Los líderes de la derecha y de la oposición al gobierno de Allende fueron relegados a diferentes territorios insulares y se establecieron Consejos de Guerra para juzgar a los contrarrevolucionarios. El Comandante en Jefe del Ejército asumió la vicepresidencia del país. El Congreso fue disuelto y en su reemplazo asumió una Junta Militar del “Nuevo Ejército Popular”.

 

En su cuarto año de gobierno, Allende llamó a la reelección. Con el apoyo y control de las “Fuerzas Armadas Populares” asumió por un nuevo período. En ese instante, algunos grupos de la extrema derecha —de menor importancia y sin demasiada fuerza— ingresaron a la clandestinidad, siendo duramente perseguidos y reprimidos por los agentes del Estado Popular de Chile. Otros se asilaron en diferentes embajadas.

 

Se cambió el lema del Escudo Nacional por “Revolución o muerte” y se rescató la estrofa de nuestro himno nacional, esa que dice: “vuestros hombres, valientes soldados que habéis sido de Chile el sostén […]”. Chile se convirtió en un estado socialista, donde sus “Fuerzas Armadas Populares” lo controlaban todo.

 

Nunca más una familia pudo tener una segunda propiedad. Desaparecieron las estancias, los fundos y las parcelas de agrado. Los supermercados se cerraron y se conformaron los almacenes de distribución estatales. Todo fue expropiado, dividido y entregado al pueblo.

 

Se unificaron los sueldos y se estatizaron los canales de televisión. Otros se clausuraron por imperialistas y antirrevolucionarios. Los directores de los medios de comunicación de oposición, en menos de un año, fueron detenidos y nunca más se supo de ellos.

 

Se crearon los “Tribunales Populares de Defensoría del Pueblo” y se persiguió a todos los que se opusieran a la “Revolución Popular”. Se congeló la Constitución vigente, disponiéndose el estudio de una nueva carta Magna. Un tema sin prioridad para la “Revolución Popular” y que, en su debido momento sería presentada al país. Las iglesias fueron clausuradas y se instalaron centros de atención para los más necesitados o se transformaron en hostales para las juventudes comunistas. La prensa imperialista fue obligada a vender sus derechos al Estado y se instauró la Educación Nacional Unificada, para aprender más sobre Cuba, la Unión Soviética, las bondades del marxismo, el socialismo y el comunismo.

 

Hoy, en Chile casi nadie trabaja. No es necesario, todo está subvencionado por el Estado. Se establecieron las Juntas de abastecimiento, el control de precios y los almacenes populares, lo que permite —hasta hoy— dar de comer al pueblo y satisfacer sus necesidades básicas. Se crearon centros recreacionales solo para turistas extranjeros, cuyo ingreso es controlado por el Estado, en Vichuquén, Las Tacas, Pucón, Lago Llanquihue, Puerto Varas, Zapallar, Cachagua y Chiloé. Caburgua se convirtió en un gran centro recreacional para los que trabajan directamente en el gobierno. El resto de las áreas turísticas de Chile quedaron abiertas, exclusivamente, para aquellos ciudadanos inscritos en el “Partido Revolucionario del Pueblo”.

 

Las “Fuerzas Armadas Populares” viven en barrios privilegiados de las principales ciudades del país. Se caracterizan por su compromiso con la revolución socialista y sus largos viajes e intercambios profesionales con Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Corea del Norte, la actual Rusia y, últimamente, China e Irán. Sus hijos pueden estudiar en Europa, como también entrar y salir del país sin ningún tipo de restricciones. Nunca se les ha perseguido y menos juzgado o encarcelado, salvo, claro está, aquellos que han abandonado los principios revolucionarios. En general se sienten muy tranquilos con su futuro. Saben que, si algún día llega a gobernar la derecha, no tendrán ningún problema. A la izquierda y sus atrocidades siempre se les perdona. El “síndrome de Estocolmo” y los organismos humanitarios de la ONU, siempre los favorecen a ellos.

 

Los principales líderes —civiles y militares— de esta Revolución Popular han sido inmortalizados en impresionantes monumentos frente a la Plaza de la Revolución (la antigua Plaza de la Constitución). Al mismo tiempo, en las unidades del Ejército, de la Fuerza Aérea y de la Armada, se dispuso rescatar la figura del Coronel Marmaduke Grove Vallejo, como reconocimiento a sus acciones, en 1932, para proclamar la República Socialista y posteriormente, en 1933, por su apoyo a la creación del Partido Socialista de Chile.

 

Por otra parte, en la actualidad, las cárceles se encuentran atestadas de exintegrantes y dirigentes de Renovación Nacional y de la Unión Demócrata Independiente. También se han creado cárceles de exterminio, donde a los fascistas e imperialistas de la extrema derecha se les ha privado de sus derechos humanos, para dejarlos morir encadenados a sus catres de enfermos terminales. Todo, pese a las súplicas y el sufrimiento de sus familias; principalmente, hijos y nietos que nada han podido hacer por ellos. La pena de muerte no existe, pero estos encarcelamientos son una forma de disfrazar la persecución, el odio y la venganza contra la derecha y, en especial, contra la derecha económica, que tanto daño le hizo al pueblo.

 

El partido de la Democracia Cristiana, pese a los intentos éticos aislados de algunos de sus miembros, cambió su nombre y hoy se llama Democracia Revolucionaria, siendo grandes aliados con los socialistas, comunistas y progresistas, o cualesquiera de sus nombres de fantasía. Actualmente son los principales impulsores de la iniciativa para otorgar a Bolivia una salida soberana al mar y, también, para entregar los Campos de Hielo Sur y gran parte de la Antártica chilena, a Argentina. Total “unos metros más o unos metros menos” en nada le afecta a Chile.

 

En el país no existe la iniciativa privada, todo lo controla el Estado. El cobre, cada día más escaso, sigue siendo el único sustento de la economía. La sociedad se ha acostumbrado a vivir con poco. Se conforman con un techo y algo para comer. Con la canasta familiar que les entrega el Estado es suficiente. No tienen mayores expectativas. Es el Chile de hoy. No tiene para qué ser peor, ni mejor tampoco. Ya nos acostumbramos a que el Estado sea nuestro sostenedor.

 

Allende, que en paz descanse, ya no gobierna Chile. Su familia y amigos se han encargado de mantener el poder. Algo que no ha sido fácil, pero con la práctica del populismo, con fantásticos actos circenses, con juegos de luces, muñecas gigantes y multimillonarios créditos obtenidos en lejanos países, el pueblo, embobado, se conforma con vivir el día a día, sin pensar en su futuro y menos en el de la familia o el del país. Esos conceptos ya no existen. Hoy, la idea de “familia y país” ha perdido su importancia, ha pasado a ser una frase cualquiera, adaptada a las conveniencias de algunas minorías o a los intereses foráneos de quienes quieren debilitar nuestras convicciones.

 

Estimados lectores, este relato —aunque tiene partes que no superan la realidad— es solo una ficción de una mente acorralada por los acontecimientos actuales. Un relato recomendado solo para aquellos que han pasado ya los 60 años.  De los más jóvenes, solo unos pocos podrán llegar a entenderlo y creerlo. Una introducción, un fragmento de mis memorias, algo que pudo haber sido cierto, solo habría bastado con una simple orden o voz de mando del Comandante en Jefe del Ejército de esa la época: ¡A la izquier, de frente, maaaar!

 

Les recuerdo que en la revolución de 1891, se acuñó el dicho “darse vuelta la chaqueta”. Es decir, pasarse al bando contrario, o cambiarse el uniforme para no ser dado de baja. Que triste sería que algo así ocurriera nuevamente en Chile ante tanta persecución e injusticia que afecta a nuestras Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Triste, pero igual, es una alternativa válida de considerar en cualquier análisis.

 

Christian Slater Escanilla.

Coronel (R) de Ejército.

 

THE TIMES

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