
Kike Acuña: Fiesta, traición y lecciones de vida tras el fútbol
Lucía Rivas Pereira
El exfutbolista Jorge "Kike" Acuña, conocido por su destacada carrera en la selección chilena, ha compartido en el programa "Podemos Hablar" experiencias marcadas por el derroche, la traición y las duras lecciones aprendidas tras su vida de fiestas. En una reveladora conversación con Diana Bolocco, Acuña no solo recordó sus días como un festejero compulsivo, sino también los costos emocionales y financieros que esos momentos le dejaron.
Un estilo de vida festivo y derrochador
Acuña, quien adquirió fama como el "señor de la noche", fue honesto sobre su estilo de vida: “Era día y noche… almuerzos con mesas largas de amigos, fiestas interminables que me llevaron a gastar miles de pesos". En sus relatos, compartió que en una ocasión llegó a pagar cerca de tres millones de pesos en una sola salida.
Este comportamiento no solo representó un desperdicio económico; también disolvió sus relaciones personales. “Eran amigos de meses”, reflexiona Acuña, recordando con amargura que muchos de esos vínculos estaban basados en el interés. Su actitud generosa llegó a extremos, incluyendo el regalo de siete propiedades a amigos, algo de lo que hoy se arrepiente profundamente.


La amarga realidad de perderlo todo
El deslumbrante mundo de fiestas y excesos de Acuña colapsó, llevándolo a una situación financiera crítica. Tras caer en bancarrota, buscó ayuda de aquellos que una vez consideró sus amigos. Cuando necesitaba apoyo real, “me dieron vuelta la espalda”, confesó. A través de su testimonio, se refleja un doloroso desenlace: "Hasta el día de hoy estoy esperando que me llamen, y esto fue hace siete años".
El impacto de esta traición ha dejado a Acuña con una profunda desconfianza hacia las personas. “Hoy día soy un tipo solitario, solo. Desconfío de las personas. Me cuesta mucho poder creer en alguien por todo lo que me sucedió”, comentó visiblemente afectado.
Ayuda desinteresada y falta de apoyo
La generosidad de Acuña se extendió más allá de las fiestas. En su momento más altruista, incluso asistió a amigos en pago de deudas por pensión alimenticia. Quería que sus amigos pudieran reencontrarse con sus hijos, pero, a pesar de sus sacrificios, la respuesta fue el silencio. “Nunca recibí apoyo de vuelta”, señaló Acuña.
Esta situación resalta no solo la fragilidad de sus relaciones, sino también la naturaleza a menudo dura y cruel de la vida, donde los lazos se rompen con facilidad cuando las condiciones cambian. A través de su experiencia, Kike Acuña se ha convertido en un símbolo de las consecuencias de la vida desmedida y la traición que a veces se oculta bajo la superficie de la amistad.
Conclusiones de un exfutbolista
Kike Acuña nos recuerda que el éxito y la riqueza no siempre se traducen en relaciones auténticas. Su relato es una advertencia sobre cómo los excesos pueden llevar a la ruina emocional y financiera, dejando tras de sí un devastador vacío. "Aprendí que no todos son amigos. Aprendí a vivir en la soledad", concluyó.
El viaje de Kike Acuña, marcado por excesos y pérdida, sirve como un recordatorio poderoso de las realidades que enfrentan muchos tras su salida del deporte profesional y de las lecciones dolorosas que pueden derivarse de la generosidad mal entendida.



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