
Corea del Norte denuncia el “resurgimiento del nazismo” y señala a Estados Unidos y Occidente por su respaldo a Ucrania
Javier Saldívar Flores
Pionyang. En el preciso día en que Rusia conmemora el aniversario de la invasión nazi a la Unión Soviética, Corea del Norte ha elevado el tono de su retórica y acusa abiertamente a Estados Unidos y a Occidente de fomentar un resurgimiento del nazismo a través de su apoyo militar y político a Ucrania.
La agencia estatal KCNA difundió un extenso artículo en el que Pyongyang afirma que “fuerzas nazis modernas” han cobrado nueva vida bajo el amparo de Washington y sus aliados europeos. El texto no solo condena el envío de armamento y recursos a Kiev, sino que lo presenta como parte de un proyecto imperialista destinado a revivir ideologías derrotadas hace ocho décadas en los campos de batalla de Europa.
Un mensaje calculado en la fecha simbólica del 22 de junio
La elección del 22 de junio no es casual. Ese mismo día de 1941, las tropas de Hitler cruzaron la frontera soviética en la Operación Barbarroja, desencadenando una contienda que costaría a la URSS más de 27 millones de vidas. En la memoria rusa, esa fecha se ha convertido en un pilar de la identidad nacional, y Moscú la utiliza sistemáticamente para enmarcar su actual operación en Ucrania como una continuación de la lucha contra el fascismo.
Corea del Norte, fiel a su alianza estratégica con Rusia, adopta el mismo lenguaje. “Las fuerzas nazis modernas han resurgido y Occidente las alimenta”, señala el comunicado norcoreano, prometiendo resistir “cualquier intento imperialista de revivir el nazismo”. El régimen de Kim Jong-un vincula directamente el apoyo occidental a Kiev con un peligro existencial que trasciende las fronteras ucranianas y amenaza la paz mundial.
La consolidación del eje Pionyang-Moscú
Esta declaración llega en un momento de estrecha cooperación militar entre ambos países. Desde la firma del tratado de asociación estratégica integral en 2024, Corea del Norte ha enviado miles de efectivos y suministros de artillería para apoyar las operaciones rusas. Kim Jong-un ha reiterado en varias ocasiones su respaldo incondicional a la “causa sagrada” de Rusia, mientras Occidente acusa a Pionyang de recibir a cambio tecnología y recursos que fortalecen su programa nuclear y de misiles.
Para los observadores de la península coreana, este alineamiento resulta lógico. Ambos regímenes comparten una visión del orden internacional dominado por lo que denominan “hegemonismo estadounidense”. La guerra en Ucrania les ha ofrecido una oportunidad única para romper el aislamiento y proyectar una narrativa común de resistencia antiimperialista.
El peso de la historia en la propaganda norcoreana
En Pionyang, la lucha contra el fascismo ocupa un lugar central en la mitología estatal. Los museos de la guerra y los monumentos antifascistas forman parte del paisaje urbano y del adoctrinamiento cotidiano. El régimen ha calificado históricamente a sus enemigos —Japón imperial, Estados Unidos durante la Guerra de Corea— como herederos del militarismo agresivo. Ahora extiende esa etiqueta a Ucrania y a sus patrocinadores.
El artículo de la KCNA recuerda con detalle el sacrificio soviético en la Gran Guerra Patria y acusa a Occidente de ignorar deliberadamente esa lección histórica. Según Pyongyang, respaldar a un gobierno en Kiev que, a su juicio, alberga elementos neonazis equivale a traicionar la memoria de quienes derrotaron a Hitler.
Implicaciones en un tablero geopolítico fracturado
Más allá de la retórica, estas acusaciones revelan la profundidad de la polarización global. Mientras Estados Unidos y Europa continúan suministrando sistemas de armas avanzados a Ucrania y mantienen sanciones contra Rusia y Corea del Norte, el bloque alternativo consolida su propia narrativa. En ella, el verdadero peligro no reside en la expansión territorial rusa, sino en el intento de Washington de imponer un orden unipolar.
Expertos en seguridad internacional señalan que declaraciones como esta cumplen una doble función: refuerzan la legitimidad interna del apoyo norcoreano a Moscú y proyectan ante la población local una imagen de firmeza frente a las adversidades económicas que aún persisten, a pesar de los tímidos acercamientos comerciales con Rusia y China.
El conflicto ucraniano, que ya se extiende por más de cuatro años, ha reconfigurado alianzas de forma dramática. Corea del Norte, que durante décadas vivió en relativo aislamiento, ha encontrado en esta guerra una vía para ganar relevancia y recursos. Sus tropas han participado en combates clave, según informes de inteligencia, y su industria de municiones ha suministrado volúmenes significativos de artillería.
Una retórica que trasciende las fronteras
La acusación de “resurgimiento del nazismo” no es nueva en el vocabulario norcoreano ni ruso, pero su reiteración en una fecha tan cargada de simbolismo adquiere mayor peso. Refleja una estrategia comunicativa que busca moralizar el conflicto y presentar a Rusia y sus aliados como continuadores de la victoria aliada de 1945.
Desde Washington y Bruselas, estas afirmaciones se descartan como propaganda pura. Funcionarios occidentales destacan que Ucrania, como democracia electa, enfrenta una agresión no provocada y que cualquier elemento extremista en su sociedad es marginal y rechazado por el gobierno. Sin embargo, en Pionyang y Moscú, la narrativa se mantiene inalterable: el apoyo a Kiev equivale a rehabilitar el fascismo.
En las calles de la capital norcoreana, donde la propaganda estatal impregna cada rincón, el mensaje cala hondo. Los ciudadanos, acostumbrados a ver en sus pantallas y periódicos la lucha contra el imperialismo, reciben esta nueva andanada como una confirmación de que su país está del lado correcto de la historia.
¿Hacia una confrontación ideológica prolongada?
A medida que la guerra en Ucrania se enquista, las posiciones se endurecen. Corea del Norte no solo respalda verbalmente a Rusia; su compromiso es material y humano. Esta involucración, lejos de ser episódica, parece formar parte de una estrategia a largo plazo para desafiar el orden internacional liderado por Occidente.
El comunicado de la KCNA termina con una promesa clara: Pyongyang resistirá cualquier intento de revivir el nazismo. En el lenguaje norcoreano, esa resistencia incluye el fortalecimiento de sus capacidades defensivas —léase nucleares— y la profundización de lazos con quienes comparten su visión multipolar.
Mientras el mundo observa, la fecha del 22 de junio sirve de recordatorio de cómo la memoria histórica sigue siendo un arma poderosa en los conflictos del presente. Corea del Norte, una vez más, ha elegido alinearse con Rusia no solo en el campo de batalla, sino también en la guerra de las narrativas.


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