LO QUE EL COVID SE LLEVÓ por Javier A. Labrín Jofré

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Infortunadamente el Coronavirus ha cobrado más de 200.000 vidas en todo el orbe, y se ha llevado consigo bolsas de comercio, sistemas de salud, fronteras, cordones sanitarios, cuarentenas e, incluso, a potencias como EE.UU., China, España, Italia, etc. Pero, el COVID-19 no solo se ha llevado lo anterior, sino que, también, ha hecho tambalear al populismo, al vacío de autoridad y al discurso de Los Derechos, sin sus correlativos deberes.

Así, el COVID-19 expuso rápidamente a aquellos líderes que le bajaban el perfil a la enfermedad, como Trump y Bolsonaro, o a aquellos que directamente entregaban recomendaciones en el sentido contrario a la OMS, como López Obrador.

Por su parte, el Coronavirus también dio una lección a algunos de nuestros líderes locales, quienes, por las meras pulsiones de sus instintos, exigían al Gobierno decretar cuarentena total, en circunstancias que la misma OMS dijo; puede ser una medida “seductora y popular”, pero “no sería conveniente”. Además, el COVID-19 sacó de pantalla a una expresiva alcaldesa que, saltándose a la autoridad sanitaria, entregó datos sensibles de un paciente en televisión abierta. Es decir, la pandemia, al mismo tiempo que trajo la enfermedad, ha traído un antídoto al populismo o, dicho de otro modo; ha hecho evidente las actitudes populistas.

Por otro lado, recordemos que el Estallido Social, nos alertó, primero, de un gran vacío de autoridad y, segundo, instaló un discurso de Los Derechos, sin mención a los deberes.

Primero, para algunos sectores, la crisis de autoridad se vivió agudamente en la figura del Presidente y de sus Ministros. Por eso, al comenzar la emergencia sanitaria, distintas voces de la oposición, advirtieron que la imagen del actual Ministro de Salud, Jaime Mañalich, se encontraba mermada y cuestionaban su idoneidad. Incluso, la dirigente gremial, Izkia Siches, insinúo que: “Si yo fuera Presidenta, no pondría a Mañalich en esta etapa”. Es decir; acusaban un vacío de autoridad y necesitábamos cubrirlo. Así, en algunos lugares –como Twitter– se ungía a la misma Presidenta del Colegio Médico o al Ex Presidente, Enrique Paris, para llenar ese vacío. Lo anterior es reflejo de la propia naturaleza humana, pues, las sociedades necesitan de una autoridad y, para tranquilidad del Ministro, el manejo adecuado de la crisis sanitaria, reconocido incluso por la OMS, le ha consignado tal calidad y ha acallado ciertas voces disidentes.

En segundo lugar, desde el 18 de Octubre se estableció una hegemonía del lenguaje de Los Derechos; el derecho a la protesta; a la desobediencia civil; a la evasión del metro; a ocultar la identidad (capucha); a impedir el libre tránsito; a funar, etc. Se hablaba de los derechos y no de los deberes. En seguida, el Coronavirus nos obligó a volver a nuestros deberes comunitarios; el deber de autocuidado; la responsabilidad individual; el respeto al prójimo; la autodisciplina; la economía doméstica; la responsabilidad fiscal; el deber de cuarentena; y la obediencia a la autoridad. Se revela que, tal como indicó el director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), Sergio Micco: “no hay derechos sin deberes“.

En definitiva, si somos optimistas (“no me parece muy útil ser otra cosa”), el COVID-19 se irá, y se llevará con él, una cuota de populismo y del irrespeto por la autoridad y el deber.

 

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