LA JORNADA LABORAL FLEXIBLE - OTRA PROPUESTA POPULISTA SIN SENTIDO

Opinión 14 de mayo de 2019 Por
Hace pocos días, el Gobierno presentó un proyecto de Reforma Laboral denominado “Proyecto de adaptabilidad laboral”, que implica la flexibilidad en el horario o jornada ordinaria laboral, pero, sin que signifique, a su vez, la reducción de ella a 40 horas semanales, como había sido propuesto por la diputada comunista Camila Vallejos, y que dicha medida fue recientemente aplicada en la Municipalidad de Recoleta por el alcalde Jadue.
40 horas

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Para entender los bemoles de esta propuesta, se debe explicar que en Chile, conforme al artículo 21 del Código del Trabajo, la “Jornada de trabajo es el tiempo durante el cual el trabajador debe prestar efectivamente sus servicios en conformidad al contrato”. A su vez, el artículo 22 dispone que “La duración de la jornada ordinaria de trabajo no excederá de cuarenta y cinco horas semanales”.

Concluye el artículo 28 del mismo cuerpo legal que “El máximo semanal establecido en el inciso primero del artículo 22 no podrá distribuirse en más de seis ni en menos de cinco días”.

En otros términos, la jornada de trabajo en Chile, por regla general, es de 45 horas semanales, que se distribuyen en mínimo 5 y máximo 6 días, por ejemplo: lunes a viernes de 9 a 18 horas y sábado de 9 a 14 horas, considerando una hora de almuerzo, que no es computable a la jornada.

La pretensión del Gobierno de turno es alterar dichos horarios, de forma tal que sea el trabajador quien elija su horario de entrada y salida del trabajo, sin contraposición del empleador, en palabras del ministro del ramo,  y pueda laborar cuatro días a la semana, si así lo estima pertinente, por ejemplo: lunes a jueves de 9 a 21 horas, con una hora de colación, con lo que se cumplirían 44 horas semanales y aún una hora quedaría pendiente a la semana. Recuerde que el horario de almuerzo no es computable a la jornada laboral.

¿Suena fantástico, verdad? Lo cierto, es que resulta ser un disparate.

Lo que no ha considerado el Gobierno, es que puede resultar muy populista proponer estas ideas en Chile, y que el votante poco informado es quien lo percibe de mejor forma. No obstante, este país se caracteriza por su idiosincrasia, en donde se trabaja poco, a pesar de las extensas jornadas y se produce menos aún. Como decía, las jornadas son extensas, sin duda alguna, pero el nivel de producción se ve morigerado por los factores horarios que expuse más arriba, lo que de alguna forma garantiza un nivel de manufactura adecuado, para el mercado.

En el caso del sector público, el funcionamiento es diferente como explicaré.

Tampoco se ha considerado el efecto que este tipo de jornada flexible, podría acarrear a las “Cláusulas tácitas” del contrato de trabajo, al cambiar las condiciones pactadas en un principio, siendo éstas alteradas por la sola voluntad del trabajador, produciendo un menoscabo en la marcha de la empresa, al no existir certeza de los horarios en que el trabajador va a ejecutar sus obligaciones. Al mismo tiempo, ¿qué pasa con la hora adicional que queda en el aire o “guacha”, que mencioné recién? ¿Se pierde? ¿Se recupera los sábados? ¿No se paga? , es decir, no se ha pensado qué ocurre en esos casos. Tampoco se ha considerado la necesidad de extensión de la jornada laboral en casos fortuitos, el pago de jornadas extraordinarias o el efecto en la semana corrida o “Pago del séptimo día”.

No se ha pensado tampoco, que varios factores de producción, van ligados al funcionamiento del aparataje público, que funciona de lunes a viernes, como por ejemplo, las super intendencias, los ministerios, los tribunales,  etc.

No quiero que parezca que esta columna es pro – empleador. No lo es.

A mi parecer, las conductas de los empleadores son generalmente malas. Nuestro medio se caracteriza por tener uno de los sistemas de trabajo más restrictivos y esclavizadores del mundo, aparte de pésimas jefaturas y espeluznantes condiciones laborales. Además, los sueldos son muy bajos, la brecha salarial es similar a una de las dictaduras más horribles del África (40 a 1, como ganan nuestros honorables diputados y senadores, la friolera de $12 millones versus sueldo mínimo de $301.000). Sin perjuicio de ello, se ha producido la extrema precarización del trabajo por otros factores internacionales que, ahora no voy a tratar, pero que la gente reconoce.

No obstante, debe considerarse que el empleador es el empresario PYME, que asume un riesgo económico al montar una empresa e, independientemente de los resultados económicos, los sueldos se deben pagar a todo evento mes a mes. Por esto, también es justo que las prestaciones se fijen con anterioridad, de forma tal de poder organizar los factores de producción adecuadamente.

En la vereda opuesta, en el caso de los trabajadores, también hay malas conductas normalizadas que atentan contra la mejora en sus condiciones, como por ejemplo algunas que puedo enumerar rápidamente: llegar tarde e irse temprano a escondidas, tomar desayuno en el trabajo, revisar y actualizar Facebook y leer el diario digital a elección, jugar sudoku, salir a fumar cada 30 minutos en promedio o ir a tomar café a la máquina del pasillo, o ir  comprar cosas al supermercado o farmacia a cada rato y todos los días.

Entonces, en un clima tan adverso, ¿Cómo podrían mejorarse las condiciones laborales y que ello sea justo para ambas partes? La propuesta debería haber sido más simple aún, ya que ésta debería apuntar a la base del problema que es la distribución de jornada y no la jornada propiamente tal. Esto significa, que la reforma debería presentarse sobre el artículo 28 del Código del Trabajo, establecido que la jornada ordinaria se distribuya en máximo 5 días y no 6 como ocurre ahora.

Una adecuada redacción del artículo mencionado, en esos términos, podría traer mejoras sustanciales a la calidad de vida de los chilenos, lo que, en la práctica, sería trabajar una hora más al día de lunes a viernes y no trabajar 5 horas más el sábado en la mañana, como ocurre, actualmente, con la gran mayoría de las empresas del ámbito nacional. Esto, podría garantizar los niveles de producción óptimos para la empresa y así crear las condiciones para una rentabilidad acorde al mercado para empleadores y trabajadores. Evidentemente que hay que mejorar los estándares productivos eliminando los vicios laborales ya mencionados, pero a su vez crear ciertos incentivos económicos para el trabajador que no solo hace su trabajo, sino que además se empeña por hacerlo de forma destacada.

El Caso de la Municipalidad de Recoleta.

En el caso de la implementación de la jornada laboral reducida, para los funcionarios públicos de la Municipalidad de Recoleta, aparentemente puede ser aplicada con éxito, por el hecho que dichas organizaciones gozan del beneficio laboral de funcionar atendiendo público de 9 a 14 horas y el resto de la jornada ejecutan funciones administrativas internas, por lo que en nada afectan la marcha del ayuntamiento.

Como se ve y tal como señalé al principio, su ejecución implica la re-  distribución de jornada en 5 días, lo que en efecto podría replicarse en el sistema privado, siempre y cuando se ataquen los vicios laborales y patronales de los que hablé anteriormente y se mejoren en su conjunto las prestaciones al trabajador.

 

Por: Jaime Mois Corona, abogado Magister, académico y escritor.

 

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