El Ejército de Chile estaba pasando por una profunda crisis

Lo anterior me motivo a escribir una carta y enviarla a los medios de comunicación en apoyo al actual Comandante en Jefe, el General Ricardo Martínez Menanteau, “…un soldado, que la historia lo puso al mando de una institución justo en el momento en que se inicia una crisis, que en lo personal sí estimo que existe, pero lo que se debe evitar, es algo mucho más grave, es que esta se transforme en una revolución…”, parte de lo que expresé en ese entonces y que fue publicado en algunos medios
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Señor Director:

En noviembre del 2018, junto con terminar de escribir mi libro “40 años al servicio de Chile”, el cual espero hacer público a partir de este año, me convencí —aunque me costó aceptarlo— de que el Ejército de Chile estaba pasando por una profunda crisis. Obvio, dirán algunos. Sobre todo, aquellos que en su momento —para no quemarse— no opinaron.

Lo anterior me motivo a escribir una carta y enviarla a los medios de comunicación en apoyo al actual Comandante en Jefe, el General Ricardo Martínez Menanteau, “…un soldado, que la historia lo puso al mando de una institución justo en el momento en que se inicia una crisis, que en lo personal sí estimo que existe, pero lo que se debe evitar, es algo mucho más grave, es que esta se transforme en una revolución…”, parte de lo que expresé en ese entonces y que fue publicado en algunos medios.

Retomando el tema, quisiera insistir en que el Ejército de Chile está a las puertas de una revolución.¿Acaso se necesitan más señales para darse cuenta de aquello? No hablo de una revolución de guerra, sangre y muerte, hablo de algo mucho más profundo. Un disruptivo y brutal cambio en la organización institucional, en su forma de ejercer el poder y de relacionarse con otros poderes del Estado. Una revolución con la cual podría concordar, siempre y cuando se hiciera desde adentro y no se imponga, desde afuera.

El Ejército está viviendo el peor de los escenarios. Los antecedentes negativos de los cuales nos hemos enterado a través de los medios de comunicación, lo están dejando sin capacidad de maniobra y se ha convertido, una vez más, en el elemento de distracción para disimular o esconder lo de siempre: la colusión del pollo, los millonarios viáticos del senado, el arreglín de los medidores de luz, los multimillonarios pagos a los exonerados y falsos exonerados políticos, la venta del litio, el show de Cúcuta, el millonario trato directo de la JUNAEB, el “anti fallo” del caso Frei, el incumplimiento de los Derechos Humanos de los detenidos en Punta Peuco y el alargue de los estados de excepción. Mis amigos de Temuco seguramente no estarán de acuerdo con esto último, pero solo les recuerdo de qué se trata: una “excepción” no se puede transformar en una “normalidad”. Más aún cuando hemos visto unidades militares que, “utilizando un procedimiento”, retroceden ante los piedrazos de los mapuches. Yo habría hecho lo mismo. No truncaría mi carrera militar ni las de mis subalternos por falta de apoyo de la autoridad civil. Pero así también se coopera a desprestigiar el rol y el respeto a las Fuerzas Armadas.

La subordinación al poder político, la no deliberación y el profundo sentido de la obediencia es el arma que ha utilizado un sector de la sociedad, tanto de izquierda como de derecha, para denostar y humillar a una parte importante de lo más sensible que tiene un Ejército: su gente. Problemas denunciados por la propia institución, pero que sin ninguna reserva fueron ventilados a los cuatro vientos y ahora todos se arrogan la autoría de la denuncia.

El caótico momento no puede estar mejor representado por aquellos que en vez de apoyar, se han apresurado, por distintos medios, a tomar la posición del típico chileno cínico e hipócrita. Apuntar con el dedo acusador a otros, dejando la sensación de que él siempre fue una santa y pulcra paloma. Cuidado. Los santos están en el cielo, aunque ni de eso estamos seguros. Por otro lado, los que fueron pulcros en un aspecto, fueron desprolijos en otros. Ninguno, y en la vida civil ocurre lo mismo, tiene derecho a juzgar o, peor aún, a pre juzgar a otros, incluso aunque la justicia haya dado una sentencia, porque ella, aunque ciega, también se equivoca. En esta institución todos nos conocemos y cuando la mala memoria nos juega una mala pasada, no faltará quien nos recuerde cuándo y en qué momento también fallamos. Bastaría solo con revisar nuestras Hojas de Vidas.

En lo particular, me siento un exmilitar del Ejército de Chile, con sus luces, sombras, aciertos y desaciertos. Ese Ejército que en cada época es como es, donde las cosas son como son y, muchas veces, no son como uno quiere que sean. Fuí del Ejército de siempre, el que heredamos de Bernardo O´Higgins, no ese del cual algunos —al más puro estilo de la canción de Pedro Fernández— hoy, cantando “Yo No Fui”, se quieren desembarcar y, peor aún, con comentarios que nadie se los pidió (¿o sí se los pidieron?), pretenden ubicarse en una posición más honorable que el resto de sus camaradas.

Nadie se debería sentir más o menos honorable que otro camarada, tal como lo expongo en mi libro cuando siendo un joven cadete de 17 años recién cumplidos y solo llevaba unos días en la Escuela Militar, mi Teniente me dio una extraña orden para presentar en revista el sector de aseo bajo mi responsabilidad, pero como no me dio los medios yo pregunté. Su respuesta fue dura. Mire Slater, usted:

“¡Roba, mata, muere, tapa con ramas, la banda toca lo que sabe, pero usted cumple la misión!”. No había reglamento ni ley que estuviera por sobre esa nefasta consigna. No había otra. Esa era la vergonzosa, brutal y básica realidad que hoy nadie quiere decir y nadie quiere reconocer. Sin ser un ladrón y sin ser un asesino, solo por cumplir la orden, deseo o intención de un superior —un subalterno— podría convertirse en uno de aquellos, pero a la vez, con ese mismo sentido de obediencia se muere en defensa de la patria o apoyando a los chilenos, en catástrofe, crisis o guerra.

Una nefasta consigna que se repitió a lo largo de mi carrera militar y que, medio en broma y medio en serio, más de alguna vez también utilicé.[COSE1] 

Siempre de algún lado se cojea, aunque la cojera sea mínima y se crea que no se nota. Gran error, ningún mortal podrá encaramarse en el pedestal del Ethos de la Profesión Militar.[COSE2]  Ese pedestal es “el deber ser”, al que todo militar aspira, pero nunca alcanza.

Todo se está dando para que la revolución se haga efectiva y nos estigmaticen con un nuevo sello: herederos de un pasado con prácticas corruptas, como ya se comenta en algunos medios. Algo que el Gobierno pareciera estar de acuerdo y, no me extrañaría, lo convierta en un eslogan para apoyar el Proyecto de Modernización de la Carrera Militar y todo lo imaginable que de ello se pueda desprender. Conforme a la Ley del Péndulo, preparémonos para tener unas Fuerzas Armadas como la de los años 60. Especialmente en lo económico, académico y social.

Quizas en tres años más tengamos solo a un Jefe de Estado Mayor a la cabeza de la institución y a un Comandante Conjunto, elegido a dedo, para diigir los destinos de todas las instituciones de la Defensa Nacional.

Una revolución que por salvar la profesión militar, termine abrazando los principios de la izquierda internacional. ¿O alguien cree que la izquierda está derrotada? Podrá tener otros nombres, se podrá mimetizar con otros movimientos, se podrá esconder detras de toda demanda social (incluso demandas de exuniformados), podrá bajar sus banderas rojas para levantar las del color que le convenga, pero derrotada, nunca. Siempre estará ahí, esperando el vehículo que le sirva a sus objetivos. A veces, hasta el propio Gobierno y la derecha en general, les hace la paleteada.

El 16 de marzo recordamos el aniversario de la Escuela Militar donde en unos de sus muros se pueden leer las palabras del General Bernardo O´Higgins: “En este Academia Militar está basado el porvenir del Ejército y sobre este Ejército, la grandeza de Chile”. El que no entienda aquello y no sepa lo que —en su más amplia dimensión— significa “cuidar” al Ejército de Chile, solo contribuirá a su destrucción y al desprestigio de la Patria.

Christian Slater Escanilla

Christian Slater Escanilla. Coronel en retiro del Ejército de Chile, Magíster en Inteligencia y Planificación Estratégica. Columnista de The Times Chile

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Jorge Carlos Tarud Daccarett es un político chileno de origen libanés. Militante del Partido Por la Democracia, ejerció como diputado de la República. Fue embajador de Chile ante Arabia Saudita, Australia y la República Popular China