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Coronavirus: ¿Salvavidas del Gobierno o el motor de un nuevo estallido social?

El Coronavirus ha llevado a los países a replantearse temas tales como la importancia del rol del Estado y la necesidad de garantizar el derecho a la salud. Otras naciones han ido incluso más allá, aprovechando esta desgracia como una oportunidad de reconciliación nacional. Chile, en cambio, observa cómo el arribo de una pandemia termina por demostrar que ese "oasis" del que hablaba el Presidente Piñera no era más que un espejismo.

Editorial Victor Manuel Arce García
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Hablar de Chile no es una tarea sencilla. Una nación abierta como la nuestra tiene como dificultad una crisis de identidad originaria y acentuada aun más gracias a los procesos de globalización. ¿Cómo somos los chilenos?Para algunos, la solidaridad es casi nuestro sello, aunque esta cualidad nos dura solo mientras depositamos algo de dinero para esas "27 horas de amor" que nos exculpan de nuestro egoísmo, pero también terminan por disfrazar aquello que somos el resto del tiempo.

electricidad piñera¿Y la clase media? Piñera reconoció crisis por Coronavirus y anunció medidas paliativas: se sigue protegiendo al empresariado.




El Estallido Social, sepultado el 3 de marzo por el arribo del Coronavirus a nuestras tierras, no solo fue destrozos, violencia e insurrección. Esta efervescencia que no aceptó liderazgo alguno terminó por certificar el agotamiento de un modelo económico que, permeando lo político y social, nos ofreció una imagen de desarrollo cuyo costo era el divorcio entre el Estado y la ciudadanía: las antiguas mallas de protección social fueron eliminadas, pues arbitrariamente pasamos de ser pobres a ese peligroso neo-concepto de "clase media".

Entonces la solidaridad ya no es la improvisación de un bingo para costear la operación de un ser querido. Nuestra solidaridad es la opción que nos queda a los "clase media", cuando la Constitución de Pinochet nos escupe en la cara un "arréglenselas ustedes".

Mientras no nos toque, bien. Pero cuando llega una pandemia de la cual se han resentido países considerados potencias, donde una posta rural de ellos se asemeja a nuestra mejor clínica, entonces comenzamos a correr en círculos. Estos -por lo demás- comienzan a "achicarse" con cada súper medida del Gobierno para resguardarnos del famoso bicho chino.

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Estados de todo el mundo tomando medidas porque -se supone- para eso se creó el Estado y por ello tiene un poder supremo sobre todos nosotros: cuarentenas obligatorias, exención de pagos de créditos y servicios básicos, liberación de las telecomunicaciones y nacionalización de los centros de salud privados.

Probablemente ninguno de nosotros quiere "cafichearle" todo eso a nuestras arcas fiscales. Mas no nos hagamos los güe... ¿a quién no le dolió el alma escuchar que, para saber si tenemos o no Coronavirus, más que preguntar a un médico, debemos encomendarnos a lo que hay en nuestro bolsillo? Y que somos el único país con la pandemia donde se paga el examen.

Cierto, "la mejor salud del planeta", la misma que pudo no haber tomado en cuenta la compleja situación que enfrentaba el gigante asiático, pero que hizo lo mismo con la catástrofe que yace hoy en Italia y luego volvió a hacerlo con el desastre sanitario en España, a quienes creemos parecernos tanto.

Aún así, la doctora y ministra, Karla Rubilar, se adelantó a los científicos del mundo y aseguró que "no hay mejor vacuna que el amor". ¿Y qué es el amor en los tiempos del Covid-19? ¿Qué es el amor en la célula madre del neoliberalismo? Porque una cuarentena parcial, bajo el argumento de "tomar decisiones con gradualidad" para mí no es otra cosa que manifestar muy derechamente que Chile es un país con gobierno, pero sin Estado: donde los cálculos económicos interesan más que la vida de las personas; donde se coartan libertades para protestar, pero no para resguardar la salud de las familias; donde la autoridad verborreó recomendaciones en vez de formular obligaciones, sabiendo que lo que nos mueve no son los consejos, sino las órdenes.

Y es sencillo pedir unidad ante la adversidad: "más apoyo y menos críticas", cuando no eres tú quien se expone a contagiarse por temor a ser desvinculado(a) de su trabajo. Es fácil manifestar que "está todo bajo control" cuando no eres tú quien se atiende en un hospital carente de insumos. Si quienes nos gobiernan ruegan no ser criticados, debo recordarles que no hay mejor escudo para ello que ser ustedes mismos autocríticos y reconocer que esto se les escapó de las manos, que la Constitución Política -nos guste o no- coarta la intervención del Estado y que, si seguimos en la cuerda floja de priorizar la economía, puede que terminemos sin salud ni economía. La fuerza de trabajo no está en los sectores acomodados, sino más bien en todos los demás, esos en donde casi no se han adoptado medidas, pues subyacen en las sombras de un sistema elitista.

El Estado gestionó la inyección de casi 12 mil millones de dólares, lo que equivale al 4,7% de nuestro PIB. Si esto se invirtiera realmente en la gente, podría decretarse fácilmente una cuarentena obligatoria nacional por 14 días; asimismo, sería factible otorgar una ayuda económica a todas las familias de clase baja y media del país, es decir, el 80% de Chile. Ojalá este párrafo se acercara a la realidad. Pero no, a ese 4,7% del PIB, al que debemos sumarle otro 2% gracias al Estado de Catástrofe (del cual nadie entiende su utilidad) queda en manos de una administración clientelista, que derrocha recursos con tal de favorecer a familias empresarias para quienes la desgracia representa una oportunidad: me refiero a esos mismos que el pueblo acusa de ladrones, pero que la clase política los suele llamar "emprendedores".

¿Qué harán los beneficiados, que ni siquiera son todos los que requieren ayuda, con un bono de míseros $50.000? Una opción es que elija a dos de sus familiares y los lleve a hacerse el examen del Coronavirus. Otra alternativa es que los invierta en mascarillas y guantes para proteger a los suyos, porque digámoslo: el Estado no le va a proteger. Y un tercer escenario que se me ocurre es que los utilice para ir al supermercado, ese que lloriqueaba por ser saqueado, pero que ahora elevó los precios de todo lo elemental, como si eso no constituyera también un saqueo descarado al bolsillo de los más necesitados.

Los gobernantes dicen enfrentar una pandemia. Los gobernados, en cambio, la padecen. Y la solución de la portavoz de Palacio es que "la mejor vacuna es el amor", con la cual derrotaremos a un virus que Jaime Mañalich asegura "podría mutar y convertirse en buena persona".

La ciencia dice que el Coronavirus puede incubar hasta por 14 días antes de presentar síntomas, pero olvida que Chile lleva treinta años incubando uno peor y -cuando todo esto pase- resurgirá la verdadera mutación del "Estallido Social": una que ahora observa muertos por negligencia sanitaria, cesantes como zombies en busca de empleo y voces que se preguntan ¿dónde carajo está el Estado? Cuando esta "pandemia" social vuelva a las calles ya no habrá otro virus chino que sirva de comodín para bajarle el perfil, porque esta crisis es la verdadera enfermedad ante la cual no tenemos una cura: el neoliberalismo y su promoción de la desigualdad. 


Víctor Manuel Arce García 

Director de The Times Chile 

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