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¿Por qué decir NO a la reelección presidencial?

Recientemente, con un resultado de 114 votos a favor, seis en contra y 24 abstenciones, el pleno de la Convención Constitucional chilena aprobó – cumpliéndose así con los 2/3 – la norma que eventualmente permitiría la reelección inmediata de la máxima autoridad nacional. En concreto, el artículo N°45, y que ahora pasará al borrador de la propuesta de nueva Carta Magna, indica que “La o el presidente durará cuatro años en el ejercicio de sus funciones, tras los cuales podrá ser reelegido, de forma inmediata o posterior, sólo una vez”.

 

Nuestra democracia, con todas sus fortalezas e imperfecciones, se basa en una serie de características que, tras la dictadura cívico – militar, han permitido mantener una cierta “convivencia pacífica” entre las distintas fuerzas políticas. La primera de estas es el pluralismo ideológico, condición elemental que resguarda la diversidad de visiones propias de cada sociedad. Directamente relacionada, está el multipartidismo, aspecto que permite que exista representatividad, discusión y deliberación permanente ante asuntos de interés general para el país. Y, en tercer lugar, se puede destacar la alternancia en el poder, característica que ha permitido una natural rotación de los gobiernos (no necesariamente opuestos) fruto del respeto irrestricto de la voluntad ciudadana en las elecciones a la fecha ejecutadas.

¿Cómo se relaciona esto último con la aprobación de la reelección presidencial inmediata/posterior?

 

Simple. Para consolidar nuestra democracia, se requiere precisamente del fomento de la alternancia, principio contrario a lo que propiciará esta norma, la cual lo único que genera es concentrar aún más el poder político. ¿Recuerda usted cuando la sociedad reaccionaba ante la evidente carencia de nuevos liderazgos al ver que Michelle Bachelet y Sebastián Piñera y sus conglomerados accedían al poder una y otra vez? ¿No es esto lo mismo y/o similar? La Constitución vigente lamentablemente lo permitía (la reelección posterior), pero lo que hoy se está planteando es doblemente dañino para el sistema electoral. Es más, con esto se está impulsando que gobiernos estén al mando por 8 años, situación que, querámoslo o no, de una u otra forma condiciona lo venidero.

Lo indicado parece excesivo, ¿no? Esta medida incentiva, por si fuera poco, el “caudillismo” que tanto daño nos ha hecho en el pasado y actualmente en América Latina, lo que en estricto rigor ronda lo antidemocrático, pues va en contra de los principios básicos de todo orden republicano.

 

¿Queremos líderes apernados/as al poder?

 

¿Creo recordar que demandábamos mayor participación e intromisión de la ciudadanía y por consiguiente más factibilidad de que nuevas caras accedan a cargos de votación popular? ¡Inconsecuencia por dónde se le mire! La reelección automática o posterior justamente obstaculiza y desincentiva el reemplazo generacional – que tanto se ha defendido – y la sana competencia ideológica que al corto plazo pueda traer consigo el surgimiento de nuevas y nuevos líderes para el país.

Ahora bien, en relación a lo anterior, muchos y muchas podrán decir que “resulta insuficiente llevar a cabo un programa de gobierno en un periodo de tiempo tan corto como son los 4 años”, pero no hay que olvidar que en Chile la propia ciudadanía, de obviamente tener una valoración positiva del gobierno que está culminando con su período, tiene la opción de elegir un nuevo equipo gubernamental con una orientación política similar y que, por ende, represente la continuidad de las diversas políticas de gobierno impulsadas en los 4 años previos. ¿Por qué pensar en las y los mismos/as si, por el contrario, paralelamente desde la sociedad civil y los partidos políticos se puede planificar las políticas públicas de Estado que se necesitan? O, por último, si el tiempo es el “problema”, ¿Por qué no hablar directamente de un periodo presidencial que ascienda a los 5 años, pero SIN elección automática y posterior? Esto último parece más sensato. No nos engañemos, la reelección es dañina para toda democracia; fomentemos la alternancia y la renovación.

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Por Cristian Cárdenas Aguilar

Prof. Historia, Geografía y Ed. Cívica

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