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Señor Director. CAMBIO DE MANDO PRESIDENCIAL

“..les recuerdo, por culpa de un Estatuto de Garantías, tuvimos un Allende y por culpa de su violenta Revolución de las empanadas y el vino tinto, hubo un Pronunciamiento Militar. Hoy, por culpa de un Piñera y una inepta derecha, tenemos un Boric. Todos ellos, en sus inicios, contaron con un amplio apoyo popular, lo que ocurrió después, todos lo sabemos. Lo que ocurrirá con Boric, la historia aún no lo escribe..”

En octubre del 2017 se publicó, en diferentes Medios de Comunicación, una columna de opinión titulada “RN tiembla y a la UDI le queda poco”. En ella, entre otras cosas, señalé: “cuando los partidos políticos y en general las instituciones, reniegan sus raíces y se esmeran por ser deshonestos con sus principios valóricos, es porque poco y nada les queda de existencia. Un partido político que se hace daño así mismo y a los demás, en una sociedad cada vez más exigente en lo valórico, es imposible que sobreviva”.

Casi cinco años después y observando la impresentable derrota de esos partidos políticos que dicen ser de derecha, solo se confirma el comentario del 2017. Primero fue el Apruebo, después la elección de los Constituyentes y finalmente las elecciones presidenciales, solo por nombrar tres grandes derrotas.  

Este, 11 de marzo del 2022, la UDI y RN, como monigotes fueron arrastrados por los pasillos del Congreso donde, por su ineficiencia y buscando protección, se vieron obligados a negociar con el Partido Socialista, previendo que, una muy probable nueva constitución, los borre del Congreso.

Como Presidente del Partido en organización “Patriotas por Chile”, me uno a los derrotados, pero no por haber traicionado a nuestros seguidores o por haber faltado a nuestros principios. Fracasamos porque no logramos constituirnos oficialmente como una alternativa patriótica y no política. Solo unos pocos creyeron y entendieron lo que, hace cinco años atrás, les advertimos.

La derrota es total y la locura por crear decenas de movimientos o agrupaciones se ha transformado en una catarsis sin destino. Todos creen tener la solución para impedir un proceso revolucionario. Un abanico de propuestas que van desde la intervención de las Fuerzas Armadas hasta una Guerra Civil.  Liderados por quienes dicen ser patriotas, republicanos, nacionalistas, de la resistencia, amarillos o del rechazo. Grupos que no pasan de ser entre una decena y unos pocos miles de participantes. Todos con líderes que no conversan entre sí y con seguidores radicales y extremos en sus filas que desprestigian sus actuaciones, quedando pocas ganas para unirse o seguirlos.

De esos grupos, nadie es capaz de levantar la mano y decir “estamos mal”. Aún no logran comprender que esto es una revolución cultural que se sustentó en la decadencia de los integrantes de las instituciones básicas de la República, en el hastío por los políticos, un excesivo materialismo y un enfermizo individualismo que afecta a toda la sociedad humana. Fenómenos sociales que las minorías, apañadas y agrupadas por la izquierda, supieron capitalizar y presentarlo como una bandera de lucha, tras la cual se esconde la fracasada doctrina de los resentidos sociales: los comunistas. Una doctrina donde el pueblo, sumido en la pobreza e ignorancia, es nivelado hacia abajo y sus burgueses dirigentes, hacia arriba.

Aunque todo lo anterior ya lo sabemos, nada impidió que la mitad de los chilenos con derecho a voto, se dividieran y eligieran a un Presidente de izquierda, paritario, indigenista, progresista y feminista, dispuesto a transformar y refundar Chile, despertando y creando expectativas sociales y ciudadanas de impredecible trascendencia y difícil cumplimiento. En ningún caso, un aparecido, como algunos ignorantes lo quieren ningunear.

Un experimento político, social y económico que, por el gustito de algunos, ya lo probamos entre noviembre de 1970 y septiembre de 1973. Sin dudas el contexto (eso que la izquierda siempre niega) es totalmente distinto. Actualmente, Chile tiene una fortaleza económica, jurídica e internacional muy diferente a la de aquella oscura y roja época. Pero en lo político y social, nada ha cambiado. La corrupción política y el resentimiento social sigue siendo el mismo, y peor aún.

Chile, a partir de hoy, paralizado con un cincuenta por ciento de sus habitantes, esperando los primeros cien días y, sínicamente, deseándole lo mejor al Presidente Boric y su Gobierno. De ese cincuenta por ciento, una mitad rezando para no perder sus bienes materiales y la otra mitad, corriendo de un lado para otro, sin saber de qué traidor color político se pintarán su alma.   

Todo ello cuando, en el momento que escribo estas líneas, el circo político de Valparaíso, liderado por los que dicen ser de derecha, dan un nuevo espectáculo ante la ciudadanía. Como si no supiéramos que no les quedaba otra que votar por Álvaro Elizalde como Presidente del Senado. Otra derrota de la “derechita amarilla”. Enjuagues y cuoteo político que solo demuestran el grado de  decadencia alcanzado y que los deja más débiles y desprestigiados que antes.

En lo particular, para este nuevo Gobierno, solo espero que sea una “nueva izquierda”. Una izquierda alejada de los genocidios y tiranías de Rusia, China, Nicaragua, Cuba o Venezuela, que combata y no acepte la corrupción, venga de donde venga y emplee todos sus medios para combatir la violencia, el terrorismo y el narcotráfico. Que su radicalidad no esté marcada por deconstruir o reformar lo que funciona y funciona bien, sino por proteger los valores republicanos de Chile.

Les recuerdo, por culpa de un Estatuto de Garantías, tuvimos un Allende y por culpa de su violenta Revolución de las empanadas y el vino tinto, hubo un Pronunciamiento Militar. Hoy, por culpa de un Piñera y una inepta derecha, tenemos un Boric. Todos ellos, en sus inicios, contaron con un amplio apoyo popular, lo que ocurrió después, todos lo sabemos. Lo que ocurrirá con Boric, la historia aún no lo escribe

Sobre los que creemos en una Democracia y estamos aburridos de hablar de izquierda, derecha u oposición, solo espero que seamos capaces de unirnos bajo un mismo objetivo, el que debe ir más lejos de un Rechazo o de una tercera alternativa para una Constitución. Una unión que debiera proponer el Chile que queremos, distinto y mejor al que quiere Boric y su Gobierno. En eso, hay mucho que rescatar de la izquierda, partiendo por la intención de reforzar el lazo social con los más necesitados, el Bien Común y un crecimiento en equidad. Si no somos capaces de proponer algo mejor, sería muy triste, esperar que solo le vaya mal. De ser así, nos convertiremos en los ineptos políticos de siempre.

Ante cualquier eventualidad futura, política, social o económica, la oportunidad para estar unidos y preparados, se inicia hoy. Para aquellos que quieren seguir creyendo que tendremos la capacidad de continuar improvisando frente a cada derrota, les sugiero unirse a Boric o dar un paso al costado, pero en general, no estorben ni creen falsas esperanzas con sus “medias tintas”. 

Una vez más, los invito a unirse, sin perder sus identidades, pero bajo un mismo techo que nos identifique con la democracia, la chilenidad, el Bien Común, el crecimiento con equidad, la libertad de expresión, el derecho a la propiedad, el estado de derecho, nuestra historia patria, el respeto mutuo entre civiles y militares, el derecho a educar a nuestros hijos, el respeto y apoyo a nuestras Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad. Para ello, se hace necesario tener un domicilio que responda a lo que Chile quiere, no a lo que cada uno de nosotros desea o los traidores políticos nos quieren imponer. La única forma de lograrlo es con diálogo y consenso, dejando afuera los extremistas, esos que con su grosero lenguaje nos violentan o nos deshonran con sus vandálicas actuaciones. Respeto con quienes nos respeten, duros y críticos con quienes insulten nuestro sano, educado y necesario comportamiento.

 

Christian Slater Escanilla.

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