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8M: El camino largo por Claudia Henríquez

Hace exactamente tres meses, varios medios nacionales consignaron como noticia que la voluntaria de la 12° Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago, Carolina Lazo, fue designada -tras 19 años de trayectoria en la institución- como la primera mujer Capitán de su compañía. En esa misma fecha, María Belén Carvajal se convirtió en la primera mujer chilena en arbitrar un partido de fútbol en 1° división, tras 11 años de trayectoria internacional.

La expresidenta del Colegio Médico de Chile, Izkia Siches, fue la primera mujer en asumir ese cargo, desde la creación de esa institución 70 años antes; y luego los medios también han destacado profusamente su nombramiento como “la primera mujer en asumir como ministra del interior en la historia del país”.

Ayer, Cecilia Navarro Luke, teniente coronel de Carabineros con 23 años de servicio, fue  designada como la primera mujer en asumir el cargo de edecán presidencial. Cabe preguntarse entonces, ¿Cuándo se dejará de destacar como un “gran logro” que una mujer ocupe un alto cargo y se comience a ver como algo habitual?  El camino aún parece ser largo.

Si bien el 68% de las empresas -a nivel mundial- se consideran comprometidas con la igualdad de género y el empoderamiento femenino (Women’s Empowerment and Business, 2020), sólo el 18,2% de las mujeres está en cargos en consejos directivos o de liderazgo empresarial (World Economic Forum, 2020) y sólo el 6% de las profesionales ocupan puestos de CEO (Bloomberg, 2020).  Esta realidad es explicada con la metáfora de un “laberinto”;  pues si bien las mujeres ya no tienen denegado el acceso a las mayores posiciones jerárquicas -a  diferencia  de  los  hombres-  ellas deben  sortear una mayor cantidad  de obstáculos para llegar a esos puestos.

Las mujeres no pueden seguir esperando años para ser parte de espacios de relevancia laboral. Y uno de los caminos, podría estar en lo que se conoce como “spillover” de género. Que se refiere al importante rol que tienen las mujeres que hoy están en cargos de liderazgo corporativo, para ampliar las oportunidades de las mujeres de su organización a alcanzar las principales gerencias dentro de las empresas. Una de las principales maneras en que se manifiesta este efecto, es que muchas mujeres líderes asumen un rol de mentoría o modelo a seguir, para otras que están en cargos inferiores.

Finalmente, desde siempre, una de las características de la naturaleza humana ha sido reunirse a conversar alrededor del fuego,  donde los más experimentados cuentan historias, transfiriendo sus conocimientos y vivencias. Es ese sentimiento de pertenencia a una tribu, el que proporciona la confianza y el apoyo necesario para avanzar sin miedo. Hagamos una gran tribu, para que las mujeres no sigan esperando por años, espacios que se merecen hoy… y para que la próxima mujer que ocupe un cargo alto, no deba esperar años y  sea visto como algo completamente normal.

Por Claudia Henríquez

Académica Facultad de Comunicaciones y Artes

Universidad de Las Américas

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