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Un inútil golpe de estado.

Lo más curioso tras la victoria de Francisco Chahuán en la elección por la jefatura de Renovación Nacional fue la reacción de sus seguidores y de los detractores de Mario Desbordes, extimonel y candidato presidencial del partido: “volveremos a ser de derecha”.

Como si eso fuera un premio o un don especial, los que la noche del sábado 19 de junio festejaban el triunfo del senador por Valparaíso hablaban de “recuperar RN” y volver a lo que siempre fue, un colectivo de derecha, lo que tiempos de hoy equivale a sentarse a la mesa con el líder del Partido Republicano, José Antonio Kast, ser un crítico de la gestión del Mandatario Sebastián Piñera, por sucumbir ante el estallido social de 2019, y cortar de cuajo cualquier cercanía con el mundo social que tuvo como máximas expresiones la firma del “Acuerdo de paz y nueva Constitución”, los retiros del 10% de los ahorros previsionales y la buena onda con los exConcertación que no votarían por Daniel Jadue (PC) en la próxima elección presidencial ni nunca.

Los más osados aspiran a igualarse a la derecha española bajo el estandarte del eslogan “comunismo o libertad”, para así pararse de igual a igual ante una izquierda extrema que como nunca tiene la opción de llegar al poder por la vía democrática.

Craso error. La derecha perdió el plebiscito por paliza, ni siquiera llegó al mínimo de convencionales constituyentes, cayó en casi todas las nuevas gobernaciones regionales y fue desplazada de muchas alcaldías del país.

El premio de consuelo, o consuelo del tonto, fue darle el voto a Claudio Orrego para vencer a Karina Oliva en la RM.

Lo más patético de todo es que los que odian a Desbordes, que también aborrecen a Piñera y al Gobierno, dicen que apoyarán a Sebastián Sichel para la primaria de Chile Vamos. Sichel, el candidato del mismo Piñera, de Andrés Chadwick y de La Moneda. Tontera nivel Dios. Tuvo que salir el propio José Antonio Kast a aclarar que no votará por ninguno de los cuatro contendores para ordenar un poco la cosa.

Como sea, no hay que ser ingeniero electoral para entender que la única opción de cambiar el escenario es hacer participar a los que hasta ahora no han votado, que son millones. Y esos aparecerán cuando sea ley el retorno del sufragio obligatorio. Por definición, es un segmento más moderado que siente que no necesita de los gobiernos de turno para sobrevivir y desarrollarse. Son más rebeldes también.

El columnista y académico Carlos Peña fue categórico: la única forma de recuperar la hegemonía para Chile Vamos pasa por crecer hacia el centro. Obvio, en la lucha de extremos, que es una batalla de ciegos, sordos y locos, ganan Jadue, la Tía Pikachu, Baradit y Tere Marinovic.

Marinovic quiere ser Isabel Díaz Ayuso, la líder de VOX que destruyó a la izquierda en España en los últimos comicios. Y la UDI también. Pero la UDI hoy no goza de ninguna credibilidad y para Joaquín Lavín sigue siendo un lastre que Suecia 286 sea su domicilio original.

Como le pasó a Andrés Allamand en los ’90, ahora los poderes fácticos, irónicamente liderados por Allamand, se faenaron a Desbordes para volver a ser de derecha con un rostro como Sichel, un camaleón que primero nos contó la historia de pobreza infantil y que tras pasar por derrotas siendo DC y sombra de Andrés Velasco, en pleno 2021, se transformó en el estandarte del empresariado y el defensor número uno de las AFP.

Con Kast en la papeleta sí o sí y el ganador de la primaria de Chile Vamos, Lavín o Sichel, en carrera, la derecha, esa que dicen que recuperaron en RN, es candidata a quedarse fuera de la segunda vuelta. Y como lo vaticinó el símbolo de Radio Biobío, Tomás Mosciatti, no les quedará otra que votar por Yasna Provoste, senadora que por muy DC que sea no tendrá ningún problema para sentarse a negociar con Jadue, Boric, Pamela Jiles y el que sea con tal de gobernar en paz.

Será recordado como el golpe de estado más inútil y pequeño que haya dado la derecha más dura en toda su historia. Sacaron a un candidato presidencial que no les gustaba, Desbordes, por ser “muy izquierdista” o de centro, para después perder hasta los muebles. Todo por ser más de derecha. Bendita imprudencia.

 

Por Guillermo Arellano

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