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La carrera para frenar la tercera ola de COVID-19 y el colapso sanitario en Bolivia

En los últimos días, Bolivia ha registrado más de 3.000 contagios diarios, muy por encima del pico más alto de la pandemia de 2.886 reportado el 27 de enero pasado. El miércoles 26 de mayo fue la jornada más mortífera sufrida en el país por causa del virus con 102 muertes.

El drama que viven los bolivianos también ha dejado por estos días crudas escenas, como el hallazgo de 19 cadáveres que llevaban varios días envueltos en bolsas en el piso de un hospital de la ciudad central de Cochabamba, y con la decisión de varios centros médicos en diferentes regiones de rechazar internaciones por la escasez de oxígeno y medicinas.

El viceministro de Salud, Álvaro Terrazas, reconoció, en declaraciones a France 24, que el incremento de los casos “a un ritmo muy fuerte” ha puesto al sistema de salud por encima de sus posibilidades y en muchos lugares ya no se puede recibir a los nuevos contagiados.

El funcionario explicó que de los más de 3.000 casos diarios reportados, estadísticamente un 5 % o unas 150 personas necesitan cada día unidades de cuidados intermedios o intensivos, una “situación que, obviamente, es insostenible para cualquier sistema de salud”.

A la situación se han sumado los problemas para importar oxígeno desde países vecinos debido al cierre de fronteras y las numerosas restricciones de exportación.

Salvo Chile, el resto de los países limítrofes, Argentina, Paraguay, Brasil y Perú, han restringido sus exportaciones y eso nos produce un déficit por arriba de las 420 toneladas de oxígeno mensuales, que significan cerca de 14 toneladas por día”, explicó Terrazas.

Algunos hospitales han registrado la muerte de pacientes por falta de oxígeno medicinal o han advertido de una crisis inminente.

Desde la Cancillería informaron que Argentina, pese a sus propios problemas con la pandemia, ha autorizado una exportación de emergencia de 30 toneladas de oxígeno y se esperan otras 60 toneladas provenientes desde Santiago de Chile.

Bolivia también gestiona la importación de medicamentos desde China ante la denuncia de escasez y de una subida de precios, como en el caso del fármaco Remdesivir que se comercia hasta en 316 dólares por ampolla, más del doble del precio, según la denuncia de autoridades.

El calvario de las familias de enfermos de Covid-19 también es económico porque incluso en centros médicos públicos se piden, según denuncias a los medios, recetas diarias con medicamentos valorados en total entre 700 y 1.400 dólares y se cobran por lo bajo 3.000 dólares por cinco días de internación en terapia intensiva.

Restricciones para atacar la propagación de contagios

El Gobierno de Luis Arce es contrario a la aplicación de las cuarentenas para no entorpecer el despegue económico del país. Según dijo esta semana el ministro de Economía y Finanzas, Marcelo Montenegro, la economía creció entre enero y abril un 5,3 %, tras haber cerrado el 2020 con una caída del 8,8 %.

Además, el Gobierno ha prohibido a la Policía detener o multar a quienes infrinjan las restricciones de circulación dispuestas en cada ciudad o región, lo que le ha valido críticas de las autoridades opositoras de esos distritos.

El departamento más golpeado en la tercera ola es Cochabamba, que ha decidido aplicar una cuarentena rígida este fin de semana y restricciones de circulación la próxima semana, tras constatar que tiene el 22 % de todos los casos de la tercera ola y detectar las cepas británica y brasileña entre los enfermos.

 

En La Paz, Santa Cruz, Tarija, Trinidad y Potosí se han dispuesto medidas que van desde la restricción de circulación por horarios, hasta el “encapsulamiento”, pasando por el cierre de las escuelas que funcionaban y la prohibición de fiestas y consumo de alcohol.

Al respecto, el viceministro de Salud subrayó que las regiones pueden tomar las medidas necesarias y contarán con la ayuda en el control de las fuerzas de seguridad, pero “lo que no pueden hacer, como aclaró el ministro de Gobierno, es realizar detenciones y cobros de multas”.

Puestos de vacunación vacíos 

En ese contexto, el plan de vacunación que se realiza sobre todo con los fármacos de Sputnik V, AstraZeneca y Sinopharm, y en menor medida con el de Pfizer, ha tropezado con un inesperado desinterés de las personas mayores de 60 años y de 50, dejando vacíos varios puestos sanitarios.

La situación llevó al presidente Arce, de 57 años, a vacunarse esta semana con la primera dosis de la Sputnik V y lo hizo, según dijo, para exhortar a la población porque la vacunación es una de las mejores armas para enfrentar la “guerra contra la pandemia”.

 

Ver los puestos de vacunación vacíos provocó la exigencia en la reducción de los rangos etarios, logrando que se baje a 50 años y luego a 40, en medio de denuncias de que gente cada vez más joven era ingresada en terapia intensiva o había fallecido.

Según el Gobierno, pese a los problemas, las inoculaciones han subido de 8.000 a 55.000 diarias y se ha logrado poner la primera dosis a 1,2 millones de personas y la segunda a más de 340.000 personas.

El viceministro Terrazas opinó que la infodemia, la desinformación, el fanatismo religioso, las teorías conspirativas, las polémicas surgidas sobre la vacuna AstraZeneca en Europa y la creencia de que no hace falta vacunarse estaban haciendo serio daño al plan de vacunación.

El plan original se había propuesto vacunar a 7,5 millones de bolivianos hasta septiembre, pero un complejo escenario, que incluyó una larga huelga médica y la falta de vacunas sufrida al inicio, han hecho que las autoridades anuncien que replantearán los objetivos en los plazos.

Según el último reporte del ministerio de Salud, el jueves se reportaron 3018 infectados y 86 muertos. En total, la pandemia ha causado en Bolivia, según cifras oficiales, 14.312 muertes y 361.580 contagios, de los que 59.162 son activos.


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