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Cómo es que Argentina, el país de la carne, se quedó sin ella

El consumo de carne en Argentina es una de las primeras variables que advierten una crisis económica. Así, es fácil medir si una familia tiene o no ingresos con solo consultarle cuantas veces a la semana come carne.

Sin embargo, un frente de batalla abierto de la noche a la mañana entre el Gobierno del presidente Alberto Fernández y los productores pondrá en suspenso ese termómetro, al menos por un mes.

A última hora del lunes, el Ministerio de Desarrollo Productivo de Argentina dispuso una serie de medidas entre las que destaca el cierre por 30 días de las exportaciones de carne por el alza de los precios internos.

En las primeras horas del martes, en respuesta, productores agropecuarios anunciaron el cese de la venta interna de ganado «desde las 00:00 horas (03:00 GMT) del jueves 20 de mayo hasta las 24:00 horas del viernes 28 de mayo (03:00 GMT del sábado 29)», según indicó la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias en un comunicado.

Y así es como los argentinos y argentinas se quedaron sin carne.

El propio Fernández puso en contexto este nuevo combate entre campo y Gobierno, edición 1.000.

«A comparación de 2015 (cuando gobernaba Mauricio Macri (2015-2019)), en 2019 se le dio total apertura al sector. No aumentaron la cantidad de toneladas faenadas ni la cantidad de cabezas. Lo único que aumentó es el precio. El kilo de asado pasó de 150 pesos a 800 pesos (1,60 dólares a 8,50 dólares). Esto quiere decir que la apertura no favorece a los mercados, sino a los más poderosos», dijo el mandatario en Radio 10.

Y se acercó rápidamente al sector exportador. «Los precios crecen sin justificativo. Crece el precio y baja el consumo. Los exportadores entienden el problema, aunque no comparten la medida, pero ambos coincidimos en que queremos solucionar ese problema para los argentinos», puntualizó.

PRODUCTO DE LUJO

El consumo de carne en Argentina disminuyó de 66,1 kilos por persona por año a 50 kilos en las últimas dos décadas, según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), y en lo que va de 2021, ese promedio cayó aún más, a 43,7 kilos por habitante.

El número es bajo si se lo compara, por ejemplo, con Uruguay, la otra sede del asado criollo. Allí el consumo alcanzó los 85,6 kilos por habitante en 2020, aunque también a la baja.

Además de ser un clásico, la carne es un producto esencial en un país en el que el 42,1 por ciento de los niños, niñas y adolescentes que asisten a comedores y merenderos presentan malnutrición, según un informe reciente del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi).

Presionado por una inflación que en los últimos cinco meses marcó un promedio de 4,1 por ciento, el ala económica del Gobierno argentino recién llegada de Europa -y sabiendo que la pelota de la deuda está ahora en el campo contrario-, se abocó de lleno a congelar los precios.

Este giro, que tuvo más de una advertencia, también responde a la carta más fuerte del kirchnerismo en su eterno combate contra la espiral inflacionaria, ya crónica en este país sudamericano: los Precios Cuidados, con incrementos de hasta un 6 por ciento en el último mes.

«Sinceramente no hay ninguna razón, más que el aumento del consumo, para explicar esos aumentos que se dieron en marzo y abril», analizó Fernández al explicar la razón por la cual prohíbe las exportaciones cárnicas.

Según dijo, lo hace para «ordenar el funcionamiento del sector, restringir prácticas especulativas, mejorar la trazabilidad de las exportaciones y evitar la evasión fiscal en el comercio exterior».

Para el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Daniel Pelegrina, esto «causará un daño irreparable a un sector productivo que ha demostrado que genera empleo y actividad en todo el territorio nacional», según tuiteó.

«El daño que provoca la medida va a disminuir la oferta de carne, haciendo que los precios terminen subiendo como ya ocurrió en el pasado. Es inconcebible que se elijan recetas que ya fracasaron a falta de las soluciones de fondo que Argentina necesita», agregó.

Y si bien se trata de vacas, la historia es como la del huevo y la gallina, y nadie explica a ciencia cierta por qué los argentinos y argentinas se quedaron sin carne para asar. (Sputnik)

 

Ramiro Barreiro

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